Entrevistas

Íñigo Sobrini, ingeniero socio de ICMA (Ingenieros Consultores Medio Ambiente S. L.) continúa ofreciendo claves para comprender mejor la importancia de los campos de golf en lugares como Madrid.


¿Cuáles son las principales diferencias entre los campos claramente urbanos y los que ya se sitúan en un entorno más natural?
Las diferencias vienen determinadas, fundamentalmente, por lo que tienen alrededor. En un entorno de trama urbana construida el campo de golf supone un pulmón verde dentro de la ciudad y poder ampliar la oferta sociodeportiva y de ocio para la población. En un entorno no urbanizado, la característica principal es que ofrece muchas posibilidades de creación de espacios naturalizados, que vienen a enriquecer el mosaico de ambientes que tenemos en el medio rural. Por ejemplo, un campo de golf nos permite crear zonas húmedas donde antes no las había, cuyos márgenes son aprovechados por vegetación de ribera y fauna (aves y anfibios fundamentalmente) que no encuentran ese entorno en la meseta castellana. También se desarrollan nuevas zonas de árboles y arbustos e, incluso, las zonas de césped son aprovechadas por poblaciones de conejos que benefician a los depredadores de esta especie. En resumen, pese al aporte de agua que requiere un campo de golf, éste ofrece una productividad ecológica que, de otra manera, no existiría.

O sea, que un campo de golf es mucho más que un jardín…
Esa es la idea, podemos tener campos de golf como parques inmensos, pero no es lo que hoy en día demanda la sociedad comprometida con el medioambiente. Sí puede haber perfectamente zonas que se mantengan como un verdadero jardín, pero un campo nos ofrece la posibilidad de crear zonas idóneas para que se desarrolle la vegetación y, con ello, la fauna. Si, además, conseguimos que en nuestro campo de golf se desarrolle algún tipo de fauna protegida, el impacto que estará provocando será claramente beneficioso. Por ejemplo, en el campo del Banco de Santander, de Boadilla del Monte, anida una pareja de cernícalos muy protegido por la precariedad de sus poblaciones y que han encontrado allí un entorno privilegiado para perpetuarse.

¿Hay algo característico de la primavera en los campos de Madrid?
En esta época del año yo destacaría la exuberancia de la vegetación en su  conjunto; toda la floración de las pequeñas hierbas, que muchas veces pasan desapercibidas, están ahora en su máxima explosión, con multitud de colores, formas y tamaños y que son una verdadera delicia para todos los que acuden a los campos. También las especies de aves acuáticas están ahora en pleno ciclo reproductivo y se pueden ver en las zonas húmedas, por lo que recomiendo a los jugadores que se fijen y disfruten del milagro de la naturaleza.

 

¿Qué opinión le merecen los ecologistas cuando se postulan contra este deporte?
Creo que los ecologistas comenten un error y es el de criticar el golf en su conjunto y a todos los campos de golf. Para ellos no existe el campo bueno. De hecho hay organizaciones ecologistas que se han opuesto de forma tajante en contra del golf (algo que sólo han hecho con la energía nuclear y, últimamente, con el fracking). Es decir, no admiten que pueda existir un campo de golf que no sea malo, que pueda ser admisible medioambientalmente. Esto no lo hacen con ningún otro sector y es un error, porque les quita argumentos. Hay campos que pueden ser un perjuicio para el medio ambiente, no lo niego, pero hay otros muchos que no; es más, hay muchos que suponen una clara mejora para el ecosistema, sobre todo en zonas urbanas. Fuente: Diario ABC